jueves, 16 de junio de 2011

El mundo, inmundo.

El mundo es injusto por donde lo mires. Algo que, en muchas ocasiones, cuando veo esas injusticias, provocan en mí una ira descontrolada y que, afortunadamente, casi siempre acabo pagando con el teclado de mi ordenador.

Acabo de leer una noticia en facebook que dice que 81 millones de niños en latino América, viven en condiciones de extrema pobreza, o como poco, privados de muchas de las necesidades básicas como la sanidad y la educación. Y tras leer todo esto me he preguntado a mí mismo: ¿qué coño hacen la cruz roja and company? Pero lo cierto es que en seguida he obtenido mi respuesta.

Por lo visto, en mi pueblo, la cruz roja tiene la costumbre de repartir sus alimentos a los más desfavorecidos los jueves. La cola era monumental y, de no ser por la policía local, seguramente invadiría la carretera N-III, ya que el local donde proceden está en las afueras. He contado una veintena de vehículos, pero se me escapaban los que daban la vuelta a la esquina, seguramente, caben otros diez más, hasta ahí todo bien. Si no fuese porque en mi pueblo somos 12 mil habitantes censados y todos nos conocemos.

Entre la multitud y el gentío, había de todo, españoles, gitanos, rumanos… y sin querer caer en el malentendimiento, y no dejar que nadie piense que soy racista, voy a continuar diciendo que el coche más “malo” que he visto, ha sido una furgoneta Mercedes Vito 2.5 CDI de ciento y muchos caballos de un azul inmaculado y asientos de piel negro que ya quisiera el ministro de turno llevar equipados en su flamante Audi, y con los maleteros llenos a rebosar hasta arriba con todo tipo de alimentos bien clasificados en cajas. Y aún así, esto es lo de menos, lo más chocante es que, la persona más pobre que hay en el pueblo, le han hecho el apaño con dos bolsitas de magdalenas y un brick de leche. Y si os vais a preguntar cómo he podido dar tantos detalles sobre la furgoneta y todo lo demás, es porque, ante semejante espectáculo circense de manipuladores y sacacuartos, he aparcado el coche en la acera de enfrente y me he deleitado con el Cirque du Soleil recordando las palabras que un politiquillo de mi pueblo, decía el otro día por la radio, creo que era algo cómo “… la cruz roja en nuestra localidad juega un papel importante repartiendo un millón de kg de alimentos al año…”

¿Por qué nos venden la moto vendiéndonos sorteos del oro (que no es por el oro) si ni siquiera se detienen a comprobar la circunstancia real de cada solicitante de ayuda? Porque sinceramente, un tío que lleva una furgoneta de 50 mil pavos, es porque tiene…

El jueves que viene, prometo hacer foto y colocarla junto al artículo.

5 comentarios:

Bocanegra dijo...

Daniel, lo cierto es que en este mundo el motor es business, negocio, mercadeo, etcétera. Las instituciones beneméritas y filantrópicas hacen bien su papel, toda vez que ayudan a mantener la imagen benevolente del sistema; pero en el fondo no son más que estafermos de los monstruos productores de miseria global. Hay mucho que decir y mucho que analizar de los estándares de vida y bienestar social que promueven tramposamente los gobiernos capitalistas en el mundo.

Relatos de sal dijo...

¡Hola Daniel! Gran post, como siempre.
Vamos a ver si logro explicarme con claridad. Organismos de ayuda, ONGs, sindicatos y un largo etc... se nutren de las subvenciones de los gobiernos. Hasta ahí, bien, porque sus fines altruistas deben ser apoyados por el poder público. ¿Qué ocurre entonces para que se malogren los loables objetivos de dichas instituciones? Pues que en muchas ocasiones, dentro de sus infraestructuras, sobre todo en las capas superiores, se cuelan chinches sin ética ni moral que viven chupando la sangre al organismo de turno. Ocupo un puesto de trabajo en la ONG (y, si hace falta, lo creo de la nada, aunque no sea necesario). Si voy a dedicarle mucho tiempo, lo normal es que se me retribuya (y no creas que son salarios acordes a los ideales del organismo en cuestión, sino, a veces, emolumentos que rozan los 40 mil o 50 mil euros al año). Ante la opinión pública, la institución en la que trabajo debe cumplir sus fines, pues sólo así las subvenciones volverán a llegar a mi bolsillo. La cruda realidad, como en el caso que expones, es que, en el fondo, no se preocupan de a quién le llega la ayuda, si le hace falta o no: lo único importante es que PAREZCA que se cumplen los objetivos del organismo gracias a las subvenciones y así repetir año tras año, mientras los parásitos que se aferran como si les fuese la vida no paran de engordar... ¿me explico? Luego surgen escándalos de "tal o cual Ong no mandaba alimentos, sino que su presidente, el secretario y la suegra tenían cuatro chaletes a pie de playa". Vergonzoso, pero real como la vida misma.
¡Un abrazo!

Daniel Rubio dijo...

Ese es el problema de este sistema, que siempre hay chinches, y cuando llega uno honrado, patada en el culo y Fuck you¡ Pero en fin...

La atalaya de la bruja dijo...

Una vergüenza desde luego.

MYRIAM JARA dijo...

80 millones en Sudamérica y cientos de millones más en Africa e India ¡Bien, Dany, bien! Si la pluma y la voz no se unen para denunciar, para gritar ¡BASTA! es palabra arrojada al viento. Me gusta tu estilo y clické en bueno porque no encontré la opción MUY BUENO.

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