domingo, 5 de octubre de 2014

El Ángel Negro





"...la felicidad comprada es una alucinación en la que sólo cabe suponer que es cierta."



 El Ángel Negro
Por Daniel Rubio.

         Sentirse mal es irremediable en algunos momentos, puede que sea algo parecido a la redención, de otro modo, no lo entiendo. Es un estado en el que tu mente no actúa, sino simplemente se dedica a funcionar en modo autómata; no sientes nada más allá de ese vacío interior que te carcome por dentro y oscurece tu vida por fuera; una fuerza que impide que seas capaz de observar qué hay, o qué tienes, a tu alrededor y provoca que de ningún modo tus movimientos sean más rápidos a tus pensamientos.

          Y al final, te das cuenta de que todo eso no importa, pues la realidad es muy diferente de como la percibimos. Dudo, siquiera, que exista algo real hoy día, cuando le damos más importancia a lo más superfluo y dejamos a un lado lo que podría ser interesante y no nos molesta no llegar a saber si lo era. Y sabemos cómo idear excusas para no realizar el esfuerzo, la mayoría, basándonos en el imposible.

          Vivimos en alerta constante; vivimos en preocupación constante; vivimos porque existimos, pero nada más.

          La felicidad no existe; puede ser que no sea más que otra invención para llenar esos huecos que carecen de lógica, pero la felicidad no existe, estoy convencido de ello porque de lo contrario ésta no se podría comprar. Los momentos de felicidad gratuita bien podrían ser como pequeñas muestras comerciales.

          Es difícil ser feliz; es difícil no estar preocupado, pero más difícil es vivir. Estamos encadenados.
      Y yo estoy harto. No puedo seguir en la estela de algo que martillea mi mente y ya no soy un encadenado.

          Reflexiono todo esto mientras monto el rifle.

         La mañana es perfecta, tal y como está dibujada en mi mente. No hace calor ni frío; no existe brisa alguna que me obligue a corregir lo que dicte el punto de mira; ni está nublada, por lo que no debo forzar mi deteriorada vista, la cuál era perfecta antes de que Vicente Urquijo me la arrebatara en mi última misión. El me dio la vida, me esclavizó y me formó con sangre. Él decidió que yo sería uno de los asesinos a sueldo más buscados, famosos, ricos y eficaces. Me puso al servicio de gobiernos, narcos, terroristas y sectas.

         Y yo obedecía. Me daba igual la víctima y mucho menos quién o qué había detrás de ella, él quiso que no sintiera nada excepto una cosa: La pérdida de mi madre. Y en realidad, no sé si eso era un sentimiento existente, porque no era más que un deseo de un increíble narrador.

         Vicente Urquijo podría haberme matado, hubiese sido fácil para él, de hecho lo intentó y de ahí mi vista defectuosa, un rostro que antes era bello y ahora está desfigurado y muchas cicatrices en mi cuerpo, demasiadas. Pero no lo hizo, no pudo terminar con el hijo que le había dado la gloria en forma de dinero y fama. Y aún así, no es feliz, porque la felicidad comprada es una alucinación en la que sólo cabe suponer que es cierta. Él quiso que yo nunca fingiese, y así fue y así sigue siendo, para mí la felicidad es diferente y no está a la venta. Tal y como yo la concibo es como una pieza única de museo que jamás será vendida, y para alcanzarla, hay que robarla.

         Me dio la vida, me esclavizó y, sin quererlo ni saberlo, me dejó libre.

         Mientras la bala entra en su cabeza lo único que hago es respirar. Y sonrío; y siento que la felicidad robada es más sabrosa que la fingida a pesar de la rapidez con que se evapora.

         Muchos echarán de menos al gran escritor que creó al asesino a sueldo más eficaz. Pero yo lo único que siento es que no me hubiese matado mucho antes de escribir que yo fui el asesino de mi madre. Lo describió como un accidente, pero eso bajó mi nivel de eficiencia, sólo porque él así lo quiso, y cometí un error y terminé en una sala de tortura. Allí pensé que acabaría conmigo, pero no lo hizo, simplemente dijo al mundo que ya no habrían más historias del Ángel Negro. Y eso es cierto, la diferencia radica en que el Ángel Negro ha escrito el final.

         Y ahora sí, llueve.

sábado, 2 de agosto de 2014

Yo opino, tú opinas, él opina y los demás plantan pinos.




  "El fenómeno Opinión-Pública no es estático; cambia y se modifica junto a otros factores, y permanece siempre influenciado por diferentes elementos e interrelaciones que existen entre cada uno de ellos... sujeto a la transformación informativa y la alteración de la Historia". 

Raúl Rivadeneira.
“el fenómeno Opinión pública no es estático; cambia y se modifica junto a otros factores, y permanece siempre influenciado por diferentes elementos e interrelaciones que existen entre cada uno de ellos. Consecuentemente, resulta siempre descriptible y comprensible como producto sujeto a la transformación informativa y a la alteración de la historia”.

Más información: http://www.radiorebelde.cu/noticia/por-una-opinion-publica-mejor-informada-educada-20110302/[/url]
Copyright Radio Rebelde © radiorebelde.cu
“el fenómeno Opinión pública no es estático; cambia y se modifica junto a otros factores, y permanece siempre influenciado por diferentes elementos e interrelaciones que existen entre cada uno de ellos. Consecuentemente, resulta siempre descriptible y comprensible como producto sujeto a la transformación informativa y a la alteración de la historia”.

Más información: http://www.radiorebelde.cu/noticia/por-una-opinion-publica-mejor-informada-educada-20110302/[/url]
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          Somos idiotas de los pies a la cabeza. Ceporros sin remedio y algunas veces somos gilipollas.

          Dar tu opinión no es fácil, nunca lo ha sido y dudo que algún día consigamos dar nuestra opinión más sincera mucho más allá de nuestro pequeño e íntimo círculo. Y por eso somos unos idiotas enceporrados que rozan la gilipollez. Además, aquí también interviene la hipocresía de la que tanto y tantos se quejan en redes sociales, sobre todo cuando hablamos de Censura.

          Uno de los motivos por los que digo todo esto es por la reciente avalancha de opiniones sobre la guerra de Gaza. No hay ni una sóla opinión que no esté condicionada. A decir verdad, sí la hay, he leído una en Facebook que iba un poco más allá del conflicto armado. Pero lo curioso no es eso, lo curioso es que después, en privado, o en algunos foros donde se puede disfrutar de un poco de intimidad (anonimato), la gente sí dice lo que piensa al 100% al respecto, y más curioso me resulta todavía que cuando leo sus post protesta de Facebook omiten la mitad de todo lo que te dicen en privado, ¿y sabéis por qué? Porque decir ciertas cosas no es popular. Querer llevar un problema en público un tanto más allá de lo que nos muestra la prensa o nos hagan creer los de un bando u otro, puede levantar ampollas. Pero las ampollas se curan, y si tienes razón en lo que dices, el tiempo es quien te pondrá en su sitio al igual que si no la tienes. Nos puede el miedo y callamos, caemos en la tan mal mirada Censura pero en la versión cutre de la Autocensura. Somos gilipollas.

          Luego está la peor versión de lo que te puedes encontrar por ahí: Los hipócritas que no saben lo que son porque no se han parado a pensar que lo son. Éstos jamás darán su opinión, se dedicarán a gritar al son del viento que mece la bandera y te aporrearán con mil eslogan para que te unas a su causa. Te pedirán la paz absoluta y al siguiente post están pidiendo que armen a los que no están armados... cuando lees eso la cabeza te da un vuelco y te preguntas: ¿La paz viene con más tiros y más violencia? ¿Qué pide este tío? En serio, eso necesito que se me aclare porque no entiendo lo que quiere si paz o más guerra.

          No, eso no era la peor versión, la peor versión es todo aquél que escucha la opinión ajena como si fuese un ataque directo sin meditar qué parte de razón puede tener. Es el que se da por aludido con cada palabra aunque sepa que no va con él, o crea que no va con él y entonces, en vez de debatir, la conversación se transforma en una discusión. Tú más; yo no; tú sí; pues te doy un tortazo; ahora te devuelvo dos; yo te pincho con el tenedor; pues yo saco mi pistola; y yo te tiro una bomba...

          Y al igual que he especulado poniendo ejemplos con el asunto de Gaza, podría poner otros distintos. Podríamos hablar de fútbol, de Literatura o de mi abuela, da lo mismo porque nunca van a ser sinceros ni con ellos mismos. Unos lo hacen porque necesitan seguir la corriente de las protestas; otros lo hacen porque lo fácil es opinar sin ahondar demasiado vaya a ser que alguien se moleste conmigo y la tengamos; otros porque buscan el aplauso fácil; y otros simplemente porque están subidos al carro de los intereses y no les interesa que nadie sepa lo que de verdad piensa al respecto y van bailando las aguas como pueden.

         No sé, dar una opinión es algo muy jodido, pero no podemos cambiar de opinión si la opinión de otros está construida con clichés, por lo que el problema persiste. Y es que una opinión, a veces, es la solución cuando ésta va más allá de lo que de verdad se muestra.

         ¡Qué jodido es dar una opinión y que nadie te aniquile después!


         Nota:

         No he dado en ningún momento mi opinión al respecto de Gaza, por lo que si alguno se molesta porque la utilizo de ejemplo, se tendrá que joder porque aquí no voy a hablar de ello, si quiere mi opinión al respecto, abrimos nuevo hilo y debatimos. Aquí he venido a opinar sobre opinadores.

            
          

martes, 8 de julio de 2014

¡Recicla! Yo me lo llevo crudo.

         Estoy convencido de no ser el único que miles de veces se ha preguntado qué cojones pasa con lo que reciclo.

        Se debe tener clara una cosa: El reciclaje es necesario. Vital, quizá, sería la palabra que mejor lo define. No debemos escurrir el bulto ante cualquier iniciativa o acto cuyo fin sea cuidar de nuestro planeta, nuestra casa.

       Partiendo de esa base, y a sabiendas de que cada vez estamos más concienciados en el asunto, la política, gran conocedora de cómo fabricar billetes sin máquina y aplicando la ley (por decretazo) del mínimo esfuerzo, da entrada en este asunto a la moda del neoliberalismo. Pero antes de seguir, volvamos atrás en el tiempo, a los 90, por ejemplo.

        En los noventa había cientos de tiendas (bajos de mala muerte en su mayoría) donde era posible vender el cartón que uno iba recogiendo de por ahí y sacarse alguna perra con ello. Dudo que diera para vivir, pero a mí, de chaval, me sirvió para pagarme una colección de cromos enterita. Todo esto fue evolucionando, o más bien se sometió a una revolución, ya que cuando la política vio que ese tipo de negocios aumentaba, pensó que debería sacar tajada de todo eso.

       A todas éstas, llegaron los contenedores para el cartón, que colocaron al ladito de los de vidrio, et voilà! Ya tenían casi listo el plan, pero no contaron con la capacidad de adaptación de los mencionados tenderos, que vieron cómo el uso de envases de plástico iba en aumento y comenzaron a comprar el plástico. Por entonces, seguramente, eso ya era algo muy de yonquis, ya que administraciones, ministerios y desde el gobierno se animaba a reciclar utilizando mensajes que ni Greenpeace habría soñado. Pero es que además, habían conseguido algo más: Las plantas clasificadoras disminuían en personal más de un 40 por ciento. Nada grave, siempre les quedaba la construcción o el campo. Lo grave de esto, quizá, es que de no hacerlo así, probablemente no se reciclaría porque saldría "caro", pero eso no era más que una excusa de empresarios amiguetes para ser subvencionados y tener permiso para reclutar gente para clasificación sin aportar nada. Nosotros mismos, por si ya no le he dejado claro.

       Años más tarde comienza a llegar el neoliberalismo y todas sus sandeces que en España no pegan ni con cola, pero como los pregoneros son de la casa, todos esos contenedores pagados con dinero público pasan a manos privadas, subvencionadas y que además van a cobrar por retirar la materia prima que luego van a vender y TÚ le clasificas gratuitamente. En teoría, ya que se hace eso en beneficio de todos, y puesto que aquí hay un doble negocio, debería repercutir a la baja en el pago de impuestos, pero no es así. No hay beneficio alguno para el que clasifica la mierda en su casa más que el placer de hacer lo correcto por nuestro entorno.

       Eso sí, mientras en España nos siguen tratando como lo que somos (GILIPOLLAS), existen países donde puedes llevar tu mierda clasificada al supermercado, meterlo en una maquinita, y recibir algunas pelas por ello. Hablo de países como Dinamarca o Noruega. Y por el contrario, en mi pueblo, separas la mierda y, además, te cobran por hacerlo. En serio, tenemos una tasa de "reciclaje".

domingo, 22 de junio de 2014

Callejón con salida

Por Daniel Rubio

La ilusión no debería perderse, pero por desgracia se esfuma al primer chasquido de la mañana. Es como un ente posible de ver, e imposible de tocar u oler. Es así, simplemente se esfuma.

La noche era tranquila; todo lo tranquila que puede ser cualquier noche de verano con una verbena en la ventana de tu habitación.  Y mientras el whisky calentaba la sangre de Sofía y embriagaba sus pensamientos, ella caminaba entre sórdidas calles mentales, evitando esquinas donde no le apeteciera girar la cabeza para no ver lo que había al fondo de la calle, algo conocido por ella. Sofía era una mujer fuerte en apariencia, pero espíritu de mantequilla. Vuelve una y otra vez al día maldito: la fecha en que un malnacido le arrancó la ilusión que por aquel entonces sí era palpable y no un simple nicho con flores añejas.

Piensa. Recuerda. Así noche tras noche, aunque esta vez ya no es igual. El juzgado, el ladrón de sueños repartidor de pesadillas vive cada día con la simplicidad de quien es inocente. Ella lo sabe, lo ha visto en más de una ocasión y lo rememora en su estrecho universo interno. Pensamiento inevitable que la ahoga y la atenaza contra un muro de rencor.

Sofía apuraba el whisky mientras buscaba aquél magnífico revólver que encontró por casualidad en la restauración de un baúl junto a un tambor de 6 balas. Lo miraba con recelo al tiempo que llenaba de nuevo el vaso. Terminaba de darse cuenta, también, que acababa de mirar qué había al fondo de la calle que siempre evitaba, y no con miedo, mas sí con cautela. En ese momento supo que en realidad no sólo había mirado al fondo de la calle, sino la recorría sin la cautela con la que miró de soslayo. Tomó el revólver, sonrió, y se dijo que había llegado el momento, sabía dónde vivía el hijo de puta, el que entró en ella sin permiso e iba a ser padre de un hijo que igual ella no sabría querer mientras él respirase.

No existe callejón sin salida, siempre hay muros que escalar, derribar o traspasar. Toda decisión conduce a un callejón con salida.

domingo, 15 de junio de 2014

Igual no ha cambiado nada

            Recuerdo algunas conversaciones que tuve en su día con algunos viejos sobre lo que era pasar hambre. Era curioso, o al menos a mí me resultaba curioso, cuando hablaban del tema, parecía que sólo ellos sabían lo que era el hambre. Y más curioso era la reacción que todos tenían cuando yo les decía que de niño o me buscaba la vida, o no comía. Todos me dejaron de mentiroso; todos decían que en España, desde que se montó el chiringuito de la democracia, no se pasaba hambre y defendían esa hipótesis a capa y espada, como si en ello les fuese la vida.

         Hoy día, se vuelve a ver la misma mierda de España de cuando yo era un crío de 7 u 8 años y me comía las naranjas  desechadas del Mercadona dentro del mismo contenedor; o las papas a granel, blandas y aceitosas; o cuando entraba en los contenedores de vidrio para rescatar las botellas retornables y un largo etc. No sé si por aquél entonces los políticos de turno (finales de los 80, principios de los 90), negaban la situación o pretendían esconderla igual que ahora, cerrando comedores en los colegios que garanticen ( voy a suponer que sí, pues no recuerdo que mi colegio abriese en verano para ese fin, aunque sí recuerdo un centro en La Plata, en frente de la biblioteca, donde nos daban de merendar), al menos, una o dos comidas a los más pequeños. No sé si por aquél entonces algún político se atrevió a apuñalar a organismos como Cáritas. Y tampoco sé si entonces nació algún grupo político que los pusiese en su sitio. Pero lo que sí sé, es que por entonces estaban los mismos que ahora (PPSOE). Y también sé, que esos, son los que han manipulado a nuestros viejos para impedirles ver la realidad. Y es por eso que nuestros viejos les votan, es por eso que nuestros viejos serán los únicos que han pasado hambre en España, y es por eso que la mayoría de nuestros viejos ve problemas de drogas donde hay pobreza. Ve un problema de educación cuando un niño roba por hambre.  Ve un problema de sobre explotación del sistema cuando una familia pide ayuda. O critican a aquél que lleva un par de años en paro y ya no busca trabajo por falta de motivación, o incluso por el mismo problema económico en si mismo, porque buscar trabajo cuesta dinero. Ellos defienden que han conseguido esta España para nosotros, y muchas veces se han atrevido a llamarnos desagradecidos, y creo que eso lo dicen porque queremos cambiarla; porque ya no nos conformamos; porque vemos que estamos retrocediendo en el tiempo y que eso mismo que ellos defienden nos está siendo privado; porque vemos cómo los políticos se pasan por el forro su Constitución utilizándola a su antojo y según convenga; pero sobre todo, porque se vuelven a ver niños en los contenedores que las grandes "marcas" se empecinan en encadenar para evitar el expolio de lo desechado.

        Al final siempre pagan los mismos: los niños. Ellos no eligieron nacer, están aquí. Y ellos, aunque parezca lo contrario, no son tontos, saben lo que ocurre, saben porqué tienen hambre y saben porqué sus padres, muchas veces, lloran a solas.

          Sólo espero que si algún día yo soy viejo, y me topo con uno de estos niños, no tenga cojones a decirle: «tú no sabes lo que es pasar hambre».

martes, 3 de junio de 2014

De sentido común

         Nunca me había pasado, pero en el día de la abdicación del Rey, me dejé llevar por la euforia y me sumé a las miles de voces que claman por el derecho a decidir qué es lo que queremos. Y, como no podía ser de otra manera, acabé etiquetado en varios foros y debates. No me importa que se me etiquete mientras yo mismo continúe sabiendo quién soy, aunque odio las etiquetas.

         Si os dijera que soy republicano, mentiría, y si os dijera que soy monárquico, mentiría también, pues en realidad me la trae floja qué modelo de Estado haya, puesto que a mi forma de ver ambos me parecen igual, salvo una excepción: En la República, se elige el Jefe de Estado, y en ese aspecto, la monarquía está más desfasada que la canción de los conguitos. No es de justicia que se nos imponga nada que no se haya decidido democráticamente, y en este caso, Felipe debería actuar con sensatez y someterse al referéndum. Quizá el miedo a un cambio brusco es lo que les impide someterse, pero es que los que estamos sometidos estamos cansados de que se nos ignore y eso no es democracia.

           Tampoco es democracia entrar a un gobierno a base de falacias mal tejidas, porque eso es peor que dar un Golpe de Estado; y es por eso que me sumo a las voces que quieren la consulta, y no por la consulta en sí (no veo necesario un Jefe de Estado), sino por el gran cambio que ello significaría en avanzar como democracia para que el ciudadano, a fin de cuentas es quien mantiene el sistema, se sienta identificado y no un marginado político.

          Después de esto, seguid poniéndome etiquetas, pero al menos yo tengo claro lo que quiero, y porqué lo quiero, y lo que yo quiero es una Democracia auténtica, sin variaciones, donde los políticos sean un instrumento y el ciudadano el brazo ejecutor, y no al revés, como ahora, siendo el ciudadano un mero instrumento para alcanzar poder.

domingo, 18 de mayo de 2014

Excluidos del sistema.

          ¿Por qué la abstención de voto es un derecho no relevante en unas elecciones?

          El actual sistema político de España no permite que la abstención de voto sea una opción viable, por lo que es excluyente con toda aquélla gente que quiere ejercer ese derecho sin recibir un derechazo. Esto pone más en evidencia que nuestra ley electoral es una auténtica mierda; una grande y encerrada en pensamientos retrógradas para mantenernos en una constante involución donde prima la ignorancia del "proletario" (odio esa palabra, de ahí que no la hago mía) y el poder del conservadurismo. Dicha ley no cita qué porcentaje de abstención debe haber para que unas elecciones se declaren nulas, por lo tanto, un único voto puede decidir tu futuro. Ya se han dado casos a pequeña escala, como el pueblo aquél donde no se presentaba ningún candidato y en la sombra, un partido de extrema derecha, se hizo con el poder del Ayuntamiento con seis o siete votos. Ahora los vecinos se quejan, con razón, pero la ley no admite reclamaciones.

          Ahora vayamos a un panorama mayor: Nacionales o Europeas. En este caso, los que ejercen una abstención responsable están todavía más jodidos, porque la mayoría de esos ciudadan@s, al ejercer su derecho, están perdiendo sus derechos. Contradictorio, ¿verdad? No, son personas que simplemente no se sienten identificadas con ningún partido o ideología en ese momento, aunque su rechazo, como tantas otras cosas en España, no se tiene en cuenta porque salen beneficiados los que más ansias tienen de conservarse en el poder: PP y PSOE.

          ¿Y a los conformistas, nadie los escucha? Sí, la ley permite que seas conformista, como en una reunión de vecinos cuando no quieres entrar en polémicas y admites lo que vote la mayoría, aunque esta ley también te clasifica donde no perteneces, pues te meten en el mismo saco que abstencionistas, por lo tanto, también les beneficia, ya que en sus discursos pueden decir tranquilamente que la abstención es conformismo porque «la encuesta X que paga mi partido con fondos públicos dice que el 60 y muchos por ciento de los que no votan es porque les suda el nabo o el potorro quién coño salga elegido». Y lo dicen así, de un tirón, a conciencia de saber que están excluyendo a muchos ciudadan@s que ejercen ese derecho de manera responsable.

          No voy a entrar en detalles de cómo se debería reformar la ley electoral, sólo planteo que debería ser reformada porque la actual ley no nos protege de nada. Un partido puede verter cuantas mentiras quiera en su programa y llenarse la boca con todo lo que van a hacer, vendiendo demagogias a manos llenas y después meterte el nabo hasta el garrón sin que la ley les impida hacerlo. Es más, la ley, ni siquiera ya te permite quejarte.

          En estas europeas se pide a voz en grito que se vote a otros, y creo que es lo correcto, aunque espero que la ignorancia no os pueda y que lo hagáis sabiendo que os pueden vender humo en una caja de colores muy bonita, y el humo sea tóxico.

           Ojalá y un día tengamos una democracia participativa que nos proteja de la mentira.

        

domingo, 11 de mayo de 2014

¿Coincidencia?

          Ayer hablaba con un amigo sobre la coincidencia de la final de champions, el 24, con las elecciones al Europarlamento, el 25.

          Ninguna de las dos cosas depende de España, a priori, por lo que tampoco se puede hablar de una táctica política implícita en el hecho de que dos eventos tan dispares entre sí, coincidan. Aun así, hace pensar.

         El tema del bipartidismo no es sólo un mal de España, está extendido por toda la Unión Europea y todos ellos parecen tener miedo. Y como el deporte y la política van de la mano primo, veo más que probable que hayan determinado juntar fechas para desviar un poco la atención y así mantenerse más tiempo en equilibrio sobre su cuerda floja. Sí, cuerda floja, ya no caminan sobre grandes puentes donde podían ir de un lado a otro en limusina, ahora están en la cuerda floja porque los ciudadanos de Europa están cansados; cansados de recortes, cansados de las mismas caras, cansados de proteger a quien nace protegido de serie y cansados de los mandatos que vienen de Alemania. Los cuáles, por cierto, no dudan en llamar gandules a los Estados del sur a pesar de lo bien beneficiados que salen con nuestra mano de obra, más barata e igual de productiva.

          El miedo es quien mueve los hilos en Europa ahora mismo. Unos miedo a perder su poder, otros miedo a perder su trabajo, otros miedo a verse obligados a emigrar para buscarse el pan. El problema, para los de arriba, es que el currante cada vez tiene menos miedo, es más, cada vez más gente pide un cambio. Y ellos, como bien normal que es, deben jugar sus bazas para defender sus intereses, ¿y qué nos dan? Circo.

         El día 24 es la final de champions, no se os olvide. Batirá récord en share televisivo y, tras el partido, miles de personas saldrán a la calle a festejar la victoria de su equipo, y otro miles de personas se irán de copas a compadecerse de lo que podría haber conseguido el suyo. Y el domingo se Vota. De esos miles de personas, sólo unos pocos se levantarán con ánimo de ir a las urnas, seguramente sean los del equipo ganador, estarán algo más motivados y no permitirán que una resaca de caballo les impida votar. Los del equipo perdedor, es posible que una cantidad ínfima se anime a votar, tendrán resaca de consuelo y la moral por el suelo, ¿a quién le importa el Europarlamento si ha perdido mi equipo y van a salir los de siempre?

          Bien, en Europa han solucionado parte del problema, y están algo más tranquilos, pero ven un brote, y no es verde. En España la gente está mucho más cansada del bipartidismo que en ningún estado de Europa, ya que no todos sufren igual la crisis. Ven que España puede ser un ejemplo siendo el primer estado de la Unión Europea que acabe con el bipartidismo, o como poco, que siembre el germen que lo eliminará en unos años... Et voilà! He aquí la final de champions, una final española. La final que un país con seis millones de parados se merece a fin de mitigar un poco su sufrimiento. Y de paso, que se olviden de que tienen que votar al día siguiente. Parece un buen veneno contra el germen antibipartidismo, un antibiótico contra un resfriado puntual.

           Por cierto, me da que la gana el Atlético.

        

sábado, 3 de mayo de 2014

Cuando la rutina muere II

          Víctor Cutícula consiguió cruzar en verde los dos semáforos restantes sin quitarse de la cabeza el amargo sentimiento que le producía haber cruzado uno en rojo.

«¿Y si hubiese esperado? ¡No! El jodido semáforo debía estar en verde.»

          —¿Y el azar, Víctor?
          —No creo en él. Dudo que exista.
          —¿Y aquélla mañana?
          —Rompí un ciclo, eso es lo que ocurrió.

MARTES

           Víctor Cutícula despertó al primer "bip" de su despertador. La noche había sido larga, atormentado por la idea de haber roto un ciclo vital en su rutina, en su cabeza sólo hubo espacio para intentar resolver algo que jamás había visto como probable. Cambiar un hábito no es fácil, menos todavía lo es para Víctor.

          «Verde, verde, verde, verde,verde»

          Como siempre había sido.

           Treinta y cinco minutos más tarde estaba en la calle. Listo para comenzar su paseo sin olvidar el manual que lo ataba a su rutina y después lanzar el primer paso, siempre con el pie derecho.

          —Échame algo, bailarín —dijo el desarrapado del Puente de Campanar.

          Tras las palabras del vagabundo Víctor creía que todo volvía a ser como antes y que quizá había exagerado con que el Universo fuese a conspirar en su contra.

          Llegó al cruce de Pérez Galdós con Avenida del Cid. Todo estaba en su sitio: el fumador del bar de enfrente, la chica del perro, el barrendero y la furgoneta. El escenario estaba montado tal y como marcaba el guión, por lo que no detuvo su paso. Miró el semáforo.

          «¡Verde!»

          Un coche blanco se aproximaba al cruce a bastante velocidad, pero Víctor Cutícula iba tan ensimismado que no se percató.

          «Todo vuelve a ser como antes»

         ¡PÍÍÍÍÍÍÍ! Víctor Cutícula mantenía la mirada al frente, sin estremecerse esta vez por el sonido del claxon.

          «Está en verde»

          El conductor tuvo que esquivarlo con un volantazo seco.

         —¡Gilipollas! —Gritó el conductor cuando pasó a su lado.

          Antes de entrar al edificio donde trabaja, Víctor realiza otro ritual: detenerse justo a tres pasos de la puerta, y a uno del único escalón, para saludar a Juan, el portero.

          —¿Un nuevo truco de cartas, Juan?
          —Sí, y baraja nueva. Mira.

         Víctor Cutícula mira la baraja y se fija durante unos segundos en el as de corazones.

         —¿Todo bien? —Suena una voz grave a su espalda.

          Víctor Cutícula se gira y comprueba que quien le dirige la palabra es el mayor socio del bufete, el cual lo mira por encima del hombro pero sin grandeza, sino como quien busca algo.

          —Sí, claro, todo bien.

          El abogado entró en el edificio sin añadir nada más. Y a Víctor sólo se le ocurrió pensar en que algo gordo se estaba cociendo, pues a excepción de él, Juan y la recepcionista, nunca había nadie en el edificio antes de las nueve.

         Víctor avanzó los tres pasos que lo separaban de la puerta.

          Continuará...
         

martes, 29 de abril de 2014

¿Hacia dónde vamos, España?

          La mayoría cree que España va a la deriva, un gran buque con mal capitán y peores tripulantes, pero en realidad no deja de ser un bote salvavidas tripulado y comandado por orangutanes.

         Los señores/as del PPSOE se han encargado de jodernos la vida con un único fin: Trasladarnos a un sistema más depredador, más capitalista, donde sólo tendrá cabida lo grande, como grandes empresas, grandes consumidores o grandes propietarios.

         El tema de las hipotecas y sus desahucios no creo que sean una casualidad, sino una formalidad. Los bancos se quieren convertir en los grandes propietarios y les está saliendo la jugada perfecta con toda esta estafa tan bien organizada que llaman crisis.

         Y lo han hecho de una forma muy simple, cebándonos, dejándonos creer que España era el país de las maravillas. Una vez cogimos su caramelo en forma de hipoteca, comenzamos a contribuir en la financiación del primer escalón para comenzar la escalera que los convertirá en los grandes propietarios. Nosotros pagamos la construcción de sus futuras casas sin que ellos arriesguen nada, y tras unos años así, cuando ya han cubierto gran parte del capital invertido (el que no recuperen les llegará en forma de rescate), toca impedir que la gente pueda pagar para ir quedándose con sus casas, y también, de paso, con una parte del antiguo parque inmobiliario cuando se quedan con las casas de los avalistas.

          Provocar la crisis fue fácil, sólo debían cerrar el grifo y eso hicieron. Sin más hipotecas no se construye, si no se construye gente al paro. "Y mientras cobren paro, pagarán". Pero el paro se a acaba y con el subsidio apenas tienes para comer, pero saben que te callarás porque si te quedan ahorros los invertirás en la hipoteca, y como la crisis es temporal...

         Al final hemos financiado un Marina D'Or a lo bestia donde nosotros pagamos y ellos recogen el beneficio. Se quedan con tus sueños, tu trabajo, tus ahorros y en muchos casos con sus vidas. Y cuando lo tengan todo bien atado, se acabará la crisis y como ya no nos quejaremos porque tendremos trabajo, ya nos alquilarán tu casa, o la del vecino, o la de tu hermano, o la de tus padres...
  

domingo, 23 de marzo de 2014

Cuando la rutina muere

Cuando la rutina muere, por Daniel Rubio.

"Cuando la rutina muere nuestra vida cambia de sentido. Algo parecido a dar un paseo y virar 180 grados sin saber el motivo y volver a un comienzo incierto, porque no todos sabemos cuál fue nuestro comienzo."

          —Mi nombre es Víctor Cutícula y mi vida es una auténtica mierda.

          —¿Antes no?

          —Antes era feliz con mi vida de mierda, al menos desde que se instaló conmigo la rutina. Conseguí un estupendo y rutinario trabajo en un despacho de abogados. Era fácil: Llevarles café, el correo o el diario, reparar y limpiar lo que rompen y ensucian o reír las gracias de un modo tan tan estupendamente fingido, que conseguí ganar la simpatía de de las 37 putas que allí se venden, trece son mujeres.

          —¿Eso te enfada o te enfadaba?

          —Lo cierto es que todo eso me la pela, mi vida era maravillosa...

LUNES

         Víctor Cutícula abre los ojos al primer "bip" de su despertador. Respira hondo, saboreando el dulce perfume abandonado por Aurora en la habitación tras un fin de semana de sexo pletórico. Mientras se estira en la cama, abarcándola por completo en la posición del Hombre de Vitruvio, de Da Vinci, sonríe pensando en la perfección de su conveniente relación; una relación limitada al sexo sin compromiso y sin desmontar lo más mínimo su apreciada rutina. No le importa alcanzar cotas inimaginables en lo que ha sexo se refiere, dejándose llevar por senderos de fantasía donde casi todo está permitido. Si ella llevaba a un amigo a la cama, la compartían. De igual modo sucedía cuando él llevaba a alguna amiga. Sólo es sexo, aunque en el fondo él sabe que todo pertenece a su intrínseca rutina, de ahí que cada uno cumple con su rol a la perfección.

          Treinta y cinco minutos más tarde está en la calle, todavía iluminada por farolas de luz amarillenta, guardiana de la noche. Luz que le acompaña en su paseo al trabajo y a la vuelta. Para no romper su rutina, Víctor Cutícula, cuando llega el tiempo en que amanece más temprano y anochece más tarde, no sólo es capaz de madrugar más, sino que aguarda en el trabajo hasta que anochece bajo cualquier pretexto. La luz de amarillo macilento es su triste compañera, y puede que esa luz sea la única capaz de entrar en su corazón.

          El paseo debe comenzar igual cada día, y también hay un ritual: Se detiene en el umbral, justo donde termina el suelo de mármol negro y después lanzar su primer paso, siempre con el pie derecho. Para cualquier otro, realizar el camino al trabajo un lunes es indiferente, o tedioso, o frustrante si tuviese que ir a recoger las mierdas de otro. Para Víctor Cutícula, en cambio, era como andar por las nubes. Repetía a cada paso una coreografía memotécnica sin que nadie se fijase en él, a excepción del desarrapado, que parecía ser el único que percibía esa felicidad bastarda, hija del tedio.

          —¿Hoy tampoco me vas a echar nada, bailarín? —le dijo el desarrapado del Puente de Campanar.

          Víctor apenas lo miró de reojo esbozando una sonrisa. Le encantaba la presencia de ese tipo, formaba parte parte de su vida; un ornamento más en su ordenada vida.

          Continuó su camino hasta el cruce de Pérez Galdós con Avenida del Cid, y por una vez en los últimos siete años, se detuvo. Todo parecía estar en su sitio: el fumador del bar de enfrente, la chica del perro, el barrendero.

          «¿Dónde te has metido?»

          No perdió más de unos segundos en tratar de localizarla. Tiempo en el que permaneció helado, serio, moviendo únicamente sus ojos barriendo la calle. Su respiración se agitaba a cada milésima.

         —Vamos hija de puta —dijo—. Vamos joder.

         La furgoneta apareció tras la esquina tomando violentamente la curva.

         La respiración de Víctor Cutícula se calmó al instante de verla y reprendió su marcha sin molestarse en vigilar el estado del semáforo. En cuanto puso el primer pie en la calzada, el sonido de un claxon y el chirriar de una frenada por poco le provocan un infarto. Contrajo su rostro en ira y continuó sin mirar siquiera al conductor, con la mirada clavada en el muñeco rojo que debería haberle impedido el paso. Un par de coches más tuvieron que esquivarlo al tiempo que hicieron sonar su claxon. Para Víctor sonaron lejanos y ajenos.

         Un año le había llevado memorizar el estado de los semáforos. Horas y horas de observación para ajustar su actuación a un escenario donde no se permitía la improvisación y rara vez se colaba un extra. Hoy le había fallado un actor.

          «Verde, verde, rojo, verde, verde.»

          Aceleró el paso para tratar de aproximar la combinación.

          «Verde, verde, rojo, verde, verde».

Continuará...

martes, 16 de abril de 2013

Selección natural




       



 "...yo tengo algo más con lo que ese inútil no sería capaz ni de soñar: Inteligencia."















 Selección natural

Por Daniel Rubio



            La miro y me dan nauseas. Es la mujer más bella que he visto en semanas; rebosa vida por cada poro de su piel, pero cuando habla y se muestra al mundo deja en evidencia los miles de años de evolución en el ser humano. Lo mismo me ocurre con él, un hombre alegre y musculado. Del tipo con el que cualquier mujer se acostaría para disfrutar de una larga noche donde no hace falta la conversación. Me dan asco. 

         Cuando salen del local me dispongo a seguirlos, pero sin ocultarme. El hombre se da cuenta y le murmura algo al oído a esa estúpida. Cuando se gira le sonrío, yo también sé seducir. Puedo decir que mi figura no es demasiado distinta a la de ese hombre, sólo que yo tengo algo más con lo que ese inútil no sería capaz ni de soñar: Inteligencia. La mujer enseguida queda hechizada en mi sonrisa, e incluso le cuesta volver la mirada. Lo que provoca que él también se gire hacia mí, serio, apretando las mandíbulas y expresándome con la mirada que no continúe por ese camino. A él también le sonrío, pero con cinismo. Y le contesto del mismo modo, en silencio. Parece que no acepta el reto y deciden caminar más deprisa. Les dejo marchar, los he olido y puedo seguirlos con los ojos cerrados. 

           No he tardado ni quince minutos en localizarlos de nuevo. Me detengo ante el portal y cierro los ojos para agudizar mi oído. A algunos no les gusta así, pero a mí es como más me gusta. Todavía no han empezado. Empujo la puerta del portal, reventando con facilidad el bulón del cierre y retomo el rastro de ambos en el hall de la entrada hasta llegar al ascensor, no me gustan los ascensores y decido ir por el hueco de la escalera, que es más rápido y menos claustrofóbico. Mientras asciendo voy relajando los músculos, olfateo y comienzo a visualizar cómo va a ser todo. Imagino cómo sus cuerpos se van fundiendo en sudor mientras se miran con lascivia. Cómo ella gime a cada sacudida y cómo la circulación de ambos se acelera justo momentos antes de llegar al clímax. 

         En la cuarta planta vuelvo a detectar su asqueroso perfume, y a partir de ahí, tan sólo queda saber qué umbral han cruzado. Ya no quiero olerlos más, ahora me centro en escuchar mientras paseo junto a todas las puertas, disfrutando de la oscuridad azulada que se me ofrece. Los oigo, por su burda conversación sé que están a punto de comenzar. No seré yo quien interrumpa, por el momento, y espero junto a la puerta. Paciencia es lo que me sobra. 

          Veinte minutos después escucho con claridad que están llegando al sumun del placer, soy incluso capaz de escuchar cómo los músculos de ese desgraciado se tensan como una eslinga. Justo en ese instante es cuando decido que ahora me toca mí y es hora de unirme a la fiesta. Coloco el canto de la mano sobre el bombín de la cerradura, la flexiono y le propino un golpe seco de modo que el sonido de la rotura se escuche sólo una vez. 

         —¿Qué ha sido eso? —se oye decir a ella. 

         —¿El qué? 

        —Ese ruido que se ha oído. —Replica ella, alarmada. 

        —Habrá sido algún vecino en la escalera. 

          En seguida él se dispone de nuevo a la fácil tarea de aumentar la libido de esa mujer. Dejo pasar unos minutos antes de encaminarme hacia la habitación. Y cuando entro en la habitación, lo hago sin disimulo. 

          —¿Pero qué coño? —Exclama él al ver la silueta de mi sombra invadir su espacio. 

           Cuando se gira, le vuelvo a sonreír. 

          —Serás hijo de puta —grita al tiempo que se pone en pie y se abalanza sobre mí. Y cuando le falta algo más de un metro para alcanzarme, lanza su puño. 

          Envuelvo su puño con mi mano izquierda mientras noto cómo el pánico se apodera de él. Ahora está listo. Le retuerzo con virulencia la mano, saboreando por anticipado el líquido de la vida y, sin dejar de aguantarle la mirada, muerdo su muñeca dejando escapar el fluido, cocinado a fuego lento con mis ingredientes favoritos: Sexo y miedo. Me gusta contemplar cómo la mirada de mi recipiente va perdiendo brillo, cómo esa alegría que antes rebosaba se apaga poco a poco con el pavor pintándole los labios con susurros de clemencia que ya no sirven para nada. Y unos segundos antes de que su corazón deje de latir, lo suelto para dejarlo caer al suelo mientras dirijo la mirada a esa estúpida que permanece en silencio. Me acerco al pie de la cama y cojo una de las sábanas para limpiarme las comisuras y la barbilla. Le sonrío, mostrándole mis colmillos con apetencia, a sabiendas de que ella me va a corresponder con una sonrisa a pesar de ver cómo me he bebido a su amante; pero como digo al comienzo, esa mujer hermosa es una tergiversación de la evolución humana. Y ya no tengo hambre, por lo que me conformo con romperle el cuello, dejando grabado en su rostro la sonrisa de una estúpida.